Prolegómenos de un sueño de una noche de Pascua…
Me encontraba ahí, en ese lugar que transité por un tiempo, especialmente en mi niñez, en donde se manifiesta el viento a través de sus ósculos con el rocío de la mañana, era aproximadamente las seis de un amanecer impregnado de recuerdos, de nostalgia, sentimientos que invitaban a reflexionar, cuando de repente, escuche en el sonido de las formas físicas una voz que pareciera emanar de esas dimensiones que hemos olvidado. Era tan fuerte, aguda, vibrante su entonación, que nosotros los muertos en vida resucitamos.
Sentí como mis centros vitales sempezaron a activarse y me erguí con mucho esfuerzo, como si despertara en las dimensiones del tiempo; me dirigí con paso titubeante hacia el interior, hacia mi templo, en donde mora mi alma. De repente, de mis grabaciones de leyendas, mitos, aprendizaje surgió la figura de Lázaro. Se me daba la oportunidad de caminar, transitar de nuevo, quitarme las vendas de mis ilusiones, maya, a fin de renacer con otra visión menos contaminada en el mundo de las formas y enfrentar mis pruebas a las que todos estamos sometidos al manifestarnos en este plano, sin dejarme atrapar por la dependencia, domesticación, todo aquello que genera sufrimiento y afecta a nuestra real libertad de manifestarnos plenamente en esta dimensión, teniendo la conciencia despierta de que un solo momento estamos aquí, somos seres transitorios.
Se desprendieron mis vendajes junto con los vestigios de la llamada muerte, la de ese hombre viejo, agotado, inquieto en busca del por qué estamos. Miraba a mi entorno con otra visión, esa que no debe detenerse en el pasado, en donde muchos se quedan anclados en los recuerdos, atrapados por sentimientos que nos hacen dependiente de personas, lugares que no deben permanecer, se deben ir, mientras estemos en esta dimensión.
Mis ojos por mucho tiempo acostumbrados a la oscuridad, tenían que adaptarse a visualizar la nueva Luz, la que corresponde a la de este Mundo de constante transformación, de pruebas, de formas perecederas, ilusiones.
Se sentía la energía divina de quien nos permite manifestarnos y grabar la sinfonía de los encuentros con todo su esplendor y poderío, dándome a conocer a través de sus palabras, energía, la misión que me corresponde en este nuevo encuentro, todo ello, con el fin de tomar conciencia sobre mis deformaciones, debilidades, imperfecciones y empezarlas a convertir en fortalezas.
Tomé muy en cuenta sus palabras, reflexioné sobre ellas, llamé con el eco de mi voz al ser de los miles nombres con quien he recorrido la senda de la dimensión terrestre. Me pude dar cuenta de los síntomas de mi mal, de mis contaminaciones que han afectado el desarrollo, crecimiento de mi ser espiritual, de la necesidad de luchar contra mi yo artificial con que he venido alimentando mis interrelaciones.
Pude darme cuenta a través de breves destellos que invitan a ser meditados con más profundidad, el porqué de quienes nos acompañan en este tránsito, su rol compromiso que desempeñan, de cómo nos analizan, no juzgan y hasta se forman un concepto de nuestra persona muy distinto del que tenemos nosotros mismos, diferente a ese ser que realmente somos, todo ello, porque sabemos mantener un contacto a diario y a través del tiempo de quien somos, de reconocer que muchas veces por estar inatento, no saber manejar adecuadamente nuestras emociones descuidamos nuestra autenticidad.
Comprendí más que nunca, lo que nos legara Steiner sobre este punto, cuando señalaba, que es necesario el que uno adquiera una manera definida de juzgar a nuestros semejantes. Es difícil lograr una actitud acrítica, pero el entendimiento debe sustituir al criticismo. Si confrontamos inmediatamente a nuestros semejantes con nuestra propia opinión obstaculizamos la evolución del alma.
Debemos escuchar al otro primero y este ejercicio es una manera muy efectiva de desarrollar los ojos del alma. Cualquiera que quiera alcanzar un nivel superior en esta dirección se lo debe a haber aprendido a abstenerse de criticar y de juzgar todo y a todo el mundo.
Es ahora, cuando se entiende, el alcance del ideario humanista con un conjunto unitario de valores, coherentemente estructurado en torno a la persona humana, su razón de ser y los modos de conducirla a su humanidad creciente.
Ya es el momento, cuando un poco más despierto, nos identificamos con la relevancia, el alcance, las repercusiones que origina el saber identificarse con el espíritu, su trascendencia y sobre todo, saber aprovechar la oportunidad que se nos da de permanecer en este plano valiosísimo para crecer espiritualmente, que es lo trascendental.
Steiner insistió en señalarnos, que hay que tener en la mente el que se da una gran diferencia entre llegar a un entendimiento de los conceptos presentados por un científico espiritual como una verdad obtenida a través de su cognición y su experiencia, y el desarrollo del alma y espíritu humanos que permite a una persona mantenerse en dicha cognición y percepción propias. Uno tiene, nos indica, que distinguir entre un nivel elemental de desarrollo que lleva a la comprensión de las enseñanzas de un maestro espiritual experimentado, siguiéndolas como si fuera en pensamiento y en sentimiento y entendiéndolas como verdad dentro de unos límites, y un nivel avanzado en el cual uno obtiene las experiencias personales en el ámbito del espíritu y el alma.
Nos agrega Steiner, que el desarrollo del hombre interior es el nacimiento en un nivel superior. Una persona debe tener la habilidad de emerger, en el momento que corresponda, con nuevos hábitos adquirirlos por pura fuerza de voluntad. Una persona descuidada debe acostumbrarse a ser cuidadoso y ordenado y esto debe llevarse a cabo no a través de una presión externa sino por una firme resolución de la voluntad. Cuanto más claramente perciba la persona los asuntos que le conciernen, mejor será su comprensión en el área de la verdad.
Definitivamente, en esta hora del reencuentro, tuve muy en cuenta además lo que Steiner nos legara, de que uno no puede esperar que los ojos del alma se abran inmediatamente. Una persona que combate la ira, la cólera, la curiosidad y otras cualidades negativas está, para empezar, derribando los muros que encierran su alma. Este esfuerzo debe ser repetido constantemente. Una persona clarividente puede evaluar hasta dónde los delicados órganos del alma están floreciendo.
Cuando las declaraciones humanas han perdido su agresividad y se han vuelto amables y llenas de comprensión hacia sus semejantes el órgano espiritual localizado junto a la laringe se despierta.
En conclusión, al irme despidiendo de ese reencuentro, mi espíritu se identificaba plenamente con el principio de la Vibración de Hermes Trimigesto que dice ” Nada está inmóvil ; todo se mueve; todo vibra “; Este principio encierra la verdad y explica las diferencias entre las diversas manifestaciones de la materia, de las fuerzas, de la mente y aun del mismo espíritu, las que no son sino el resultado de los varios estados vibratorios Desde el Todo , que es puro espíritu, hasta la más grosera forma de materia, todo está en vibración.
Y como el viejo decía: “Ay güey; ya no fumes de esas madres… nomás alebrestas el cerebro”
“Lo pasado ha huido,
lo que esperas está ausente,
pero el presente es tuyo”.
Proverbio Árabe
Todos los que nos presentamos en este planeta Tierra con esta forma a fin de aprovechar la oportunidad de vida que se nos ha legado, sabemos que estamos invadido de emociones que dan paso a los sentimientos y estos actúan de acuerdo a los estímulos que lo activan, para ello nos apoyamos en nuestra inteligencia, que permite administrarlos de tal forma, que no nos afecten, todo lo contrario nos permita disfrutar la oportunidad de vivir y aprovechar intensamente el potencial positivo que cada emoción genera.
En los últimos años, se ha dado mucho énfasis en la relevancia y alcance de la inteligencia emocional y como ella nos puede favorecer en nuestro crecimiento, al respecto se señala, que la inteligencia emocional es una forma de interactuar con el mundo que tiene muy en cuenta los sentimientos, y engloba habilidades tal como el control de los impulsos, la autoconciencia, la motivación, el entusiasmo, la perseverancia, la empatía, la agilidad mental, etc. Esa configura rasgos de carácter como la autodisciplina, la compasión o el altruismo, que resulta indispensable para una buena y creativa adaptación social.
No nos sorprende escuchar preguntas como: ¿por qué algunas personas les va mejor en la vida que a otras? ¿Por qué algunas, con alto coeficiente intelectual y que se destacan en su profesión, no pueden aplicar esta inteligencia en su vida privada, que va a la deriva, del sufrimiento al fracaso?
Lo cierto, que el nuevo concepto que da respuesta a estas y otras interrogantes es la inteligencia emocional, una parte a menudo negada y desdeñada, opacada por el brillo de la razón, del coeficiente intelectual más fácil de definir y medir, la misma que viene hacer una a ser una destreza que nos permite conocer y manejar nuestros propios sentimientos, interpretar o enfrentar los sentimientos de los demás, sentirse satisfechos y ser eficaces en la vida a la vez que crear hábitos mentales que favorezcan nuestras propia productividad.
Téngase en cuenta, que aunque la psicología conoce desde siempre la influencia decisiva de las emociones en el desarrollo y en la eficacia del intelecto, el concepto concreto de la inteligencia emocional, en contraposición al de coeficiente intelectual, fue planteado hace unos años por el psicólogo Peter Salovey, de la Universidad de Yale. Y si bien no existe tests para medirla con exactitud, varían pruebas o cuestionarios que valoran este aspecto pueden ser muy útiles para predecir el desarrollo futuro de una persona.
Hace treinta años, un psicólogo de la universidad de Stanford realizó un experimento con niños de cuatro años. Le mostraba a cada uno golosinas y le decía que podía comerlas, pero que si esperaba a que volviera le traería dos; luego lo dejaba solito con el caramelo y su decisión. Algunos chicos no aguantaban y se comían la golosina; otros elegían esperar para obtener una mayor recompensa. Catorce años después, hizo un seguimiento de esos mismos chicos: los que habían aguantado sin tomar el caramelo y, por lo tanto controlaban mejor sus emociones en función de un objetivo, eran más emprendedores y sociables. Los impulsivos, en cambio tendían a desmoralizarse ante cualquier inconveniente y eran menos brillantes.
En este tránsito leve por esta vida, hemos oído muchas veces “controla tus emociones” y en demasiadas ocasiones nos hemos confundido y, en vez de controlar, lo que hemos hecho es simplemente ahogar nuestras emociones.
Esto es un craso error porque las emociones no son en sí mismas ni buenas ni malas. La que puede ser buena o mala es nuestra respuesta. En todo caso las emociones nos dan pistas que nos permitirán analizarlas para lograr finalmente que trabaje a nuestro favor.
Dentro de la inteligencia emocional se sitúan 5 habilidades: la capacidad de reconocer los sentimientos propios, de administrarlos, la automotivación, el reconocimiento de los sentimientos de los demás y la empatía o capacidad para reaccionar correctamente entre los sentimientos de los demás. Estas herramientas nos permiten movernos entre la marejada de sentimientos y emociones propias y ajenos. Dentro de este parámetro es clave averiguar cómo hacemos nuestras evaluaciones con alguna serie de reflexiones y tener la valentía de explorar como reaccionamos ante las personas y los sucesos de la vida real. Para un buen manejo de este parámetro de la inteligencia emocional necesitaríamos tomar el mando de nuestros pensamientos, dirigir oportunamente nuestras excitaciones nerviosas y llegar a ser buenos solucionadores de problemas; algunas de la pautas a seguir que nos pueden ayudar a realizar esta difícil tareas serían, en primer lugar, comprender la naturaleza del problema y posteriormente la idea de que son las respuestas a las situaciones las que causas los problemas. Es vital admitir realmente que los problemas son parte de la vida y no hemos de sentirnos obsesionados por ello cuando los tenemos. La clave no está en negar los problemas sino en solucionarlos.
La motivación es otro aspecto en la inteligencia emocional que nos ayuda a catalizar todo el sistema y mantenerlo en funcionamiento. Hay cuatro fuentes principales de motivación:
- Nosotros mismos (pensamientos positivos, visualización).
- Los amigos, la familia y colegas, son nuestro soporte más relevante.
- Un motor emocional (real o ficticio)
- El propio entorno (aire, luz, sonido, objetos motivacionales).
No olvidemos que las personas somos generalmente más emotivas que racionales y, por tanto, empatía, paciencia creativa y claridad mental son dimensiones que nos ayudaran a sacar el máximo partido de nuestra habilidad en gestión de la inteligencia emocional. En ocasiones, la única manera de obtener un rendimiento significativo es llevar a cabo importantes cambios en la organización, cambios que suponen un intento previamente planificado por la dirección de mejorar el rendimiento general de las personas, de los grupos o de la propia organización, mediante la modificación de la estructura, el comportamiento y los procesos de la misma. Si el cambio se lleva a cabo de una forma correcta, personas grupos deben mejorar su rendimiento. Cualquier esfuerzo decidido, planificado y evaluado que sirva para mejorar el rendimiento, cuenta con grandes posibilidades de alcanzar el éxito.
Aprovechar la inteligencia emocional no implica estar siempre contento o evitar perturbaciones, sino mantener el equilibrio: saber atravesar los malos momentos que nos depara la vida, reconocer y aceptar los propios sentimientos y salir airosos de esas situaciones sin dañarse ni dañar a los demás. La difusión de este alfabetismo emocional, pocas veces valorado en su justa medida, haría al mundo y por ende a las organizaciones un lugar más agradable, menos agresivo y más estimulante. No se trata de borrar las pasiones, sino de administrarlas con inteligencia.
Y, cómo el viejo decía: “Son como los frijoles de la tía Tencha… solitos se arrugan y desarrugan”
La vida es como una leyenda:
no importa que sea larga,
sino que est bien narrada.
Lucio Anneo Sneca
Leyendas del desierto
Transcribo a continuación tres cuentos resumidos de Yasser Hareb, que mucho nos pueden dar luz sobre la amistad. Los dejo en sus manos. Por esta semana, el sapo escribidor se retira a su pantano cálido, donde la lluvia no llega.
¿Por qué lloras?
Un hombre llamó a la puerta del amigo para pedirle un favor:
-Necesito que me prestes cuatro mil dinares para pagar una deuda que tengo. ¿Podrías hacerlo?
El amigo le pidió a su mujer que reuniese todo lo que tenían, pero ni siquiera con esto fue suficiente. Hubo que salir a la calle, y pedirles dinero a los vecinos, hasta alcanzar la cantidad requerida.
Cuando el hombre se marchó, la mujer se dio cuenta de que su marido estaba llorando.
-¿Por qué estás triste? ¿Porque tienes miedo de que, ahora que nos hemos endeudado, no consigamos pagar lo que debemos?
No, no es por eso. Lloro porque el que nos acaba de visitar es un amigo al que quiero mucho, y a pesar de eso yo no sabía nada de su situación. Sólo me acordé de él cuando se vio obligado a llamar a mi puerta para pedirme dinero prestado.
El código del hospedaje
Dos hombres estaban cruzando el desierto, cuando avistaron la tienda de un beduino, y se aproximaron para pedir abrigo. Aunque eran unos desconocidos, fueron recibidos según manda el código de conducta de los nómadas: se sacrificó un camello, y se sirvió su carne en una espléndida cena.
Al día siguiente, puesto que los huéspedes continuaban allí, el beduino ordenó que se sacrificase otro camello. Los dos hombres, asombrados, dijeron que aún sobraba muchísima carne del día anterior.
-Sería vergonzoso ofrecer comida vieja a mis huéspedes- se limitó a responder.
Al tercer día, los dos extranjeros despertaron temprano y decidieron continuar su viaje. Como el beduino no estaba en casa, le dieron cien dinares a su mujer, sin dejar de pedir disculpas por no poder esperar, puesto que si se entretuviesen mucho allí, el sol terminaría quemando demasiado.
Ya llevaban caminando unas cuatro horas, cuando escucharon una voz que los llamaba a sus espaldas. Se dieron la vuelta, y vieron que el era el beduino que los venía siguiendo, y en cuanto los alcanzó, arrojó el dinero en el suelo frente a ellos.
-¡Con lo bien que yo os recibí! ¿Es que no tenéis vergüenza?
Los extranjeros, sorprendidos, dijeron que sin duda los camellos debían valer mucho más que eso, pero que no tenían mucho dinero.
-No me refiero a la cantidad- respondió-. El desierto acoge a los beduinos allá donde vayan, y nunca nos pide nada a cambio. Si tuviéramos que pagar por ello, ¿cómo podríamos vivir? Recibiros en mi tienda es devolver apenas una pequeña parte de lo que la vida nos ha regalado.
Generoso a la hora de la muerte
Un hombre viajaba de una ciudad a otra, cuando supo que se había trabado una sangrienta batalla, y que su primo se encontraba entre los soldados heridos. Se apresuró en llegar hasta el lugar para descubrir que su familiar estaba a punto de morir. Echó mano de su cantimplora y le ofreció un poco de agua, pero en ese instante otro herido gimió, y el primo le pidió que le diese de beber al soldado que estaba a su lado.
-¡Pero si voy hasta él, es posible que tú no sobrevivas! ¡Tú ya has sido suficientemente generoso durante toda tu vida!
Reuniendo sus últimas fuerzas, el herido respondió:
-Razón de más para seguir siendo generoso hasta el momento de mi muerte.
Y como el viejo decía: Eres como las ollitas del pueblo.sentiditas, sentiditas
Ahora:
una palabra curiosa para expresar
todo un mundo y toda una vida.
Ernest Hemingway
Una de las ficciones más duraderas en la historia humana es la de que existen el pasado y el futuro. Esto nos ha llevado a vivir de recuerdos y anhelos y a perdernos lo que Eckhart Tolle llama “El Poder del Ahora. ¿Qué significa vivir en el ahora? ¿Por qué se nos dice que fuera del ahora no hay felicidad? Sigue leyendo.
Todas las personas quieren ser felices, pero todas, sin embargo sufren. Una razón generadora de sufrimiento es el pensamiento. Esta idea, ya planteada por sabios de todos los tiempos, es explicada por un brillante pensador espiritual, Eckhart Tolle, con gran claridad y sencillez, en su libro “El Poder del Ahora”.
Los pensamientos son la causa del sufrimiento, y no los hechos como tendemos a creer, pues esos hechos son interpretados por nosotros permanentemente. Llenamos lo que sucede con prejuicios y suposiciones, lo que nos genera tristeza, rabia, temor o culpa. Por eso, si deseamos mejorar nuestras vidas debemos prestar atención a lo que ocurre en nuestra mente. La respuesta que buscamos afuera, está adentro.
Dejar de sufrir implica observarnos, escucharnos, mantener parte de la atención en nosotros, cada vez que pensamos, decimos o hacemos algo. Y lo decía Yogananda, sabio hindú, por 1915: “No entregues toda la energía al mundo exterior. Deja algo de atención en ti, mientras haces lo que haces”.
La clave es centrarse en el momento presente, en el ahora, pues no existen pasado o futuro. El pasado fue y el futuro no ha sido. El pasado llega como recuerdo (mente) y el futuro como anticipación (mente). Sólo son pensamientos pero los tratamos como realidades. Sólo tenemos un presente, diario y permanente. Como dijo Osho: “Los pensamientos no son nada, las palabras sólo son aire”.
Al concientizar esto, se rompe una mentira, un condicionamiento. Es entonces cuando se puede avanzar a otro nivel. El nivel en el que comenzamos a detectar las pautas automáticas y repetitivas de conducta, que nos impiden vivir aquí y ahora.
Claro que la mente se resistirá y nos dirá cosas, entonces no debemos identificarnos con sus contenidos, pues no somos esos pensamientos intrusos y obsesivos. Somos más que esos pensamientos y que esas emociones. Somos “eso” que se da cuenta de los pensamientos: Conciencia, que vive en el presente.
Podemos saber si estamos atrapados en el pasado mental, al descubrirnos pensando en lo ya vivido, extrañándolo y huyendo del presente. También cuando creemos que el pasado era mejor. Sabemos si estamos atrapados en el futuro mental, cuando idealizamos el mañana, o al hacemos algo sin amor ni disfrute, con la idea de que habrá un futuro mejor. No existe el futuro. Sólo hay un hoy para vivir, disfrutar o aprender. Ayer y mañana son conceptos, engaños mentales creídos por siglos.
Tal y como hay pensamientos hay emociones. Las vemos como algo muy real. Pero prácticamente cada emoción surge debido a un pensamiento. Apenas tienes una idea en tu mente y aparecen emociones y sensaciones en tu cuerpo. ¡Claro que sentimos esas emociones! Sólo que son pasajeras, producto de tu mente y no son tu esencia real. Lo real que hay en ti, es eso que las detecta: la conciencia. Observa las emociones y sensaciones sin identificarte con ellas, pues se basan, casi siempre, en recuerdos y expectativas. Para estar más consciente pregúntate frecuentemente: ¿Qué está pasando dentro de mí en este momento?
Esos pensamientos y emociones te dan un sentido de identidad. Te describes diciendo “soy así”, y al pensar que eres ideas y emociones, les das vida como si fueran tu verdad absoluta. Esas creencias sobre ti, la manera como te describes, todo lo que consideras ser y que defiendes ardorosamente, es lo que se denomina “ego”. En palabras de Eckhart Tolle, el ego es una personalidad conceptual que creamos y con la que desarrollamos una relación como si fuera algo real, como si fuésemos nosotros. Es un “yo externo” que confundimos con nuestro verdadero Ser.
Todo el sufrimiento humano se basa en esa personalidad conceptual, en ideas como: “soy importante” “no deberían tratarme así”, “la gente debería cambiar”, “la vida es difícil”, “la gente es mala”, “los hombres son una basura”, etc. Desde esos conceptos (sólo son eso) desplegamos emociones y acciones. Creemos que debemos reaccionar ante cada ofensa a esa imagen mental y creamos conflictos a diario. Diseñamos una historia sobre lo que somos, (ideas, creencias, interpretaciones) y a partir de ella, dramatizamos, odiamos, competimos y nos enfermamos.
Sí, en efecto, esa trampa mental de pasado y futuro nos enferma. Y a pesar de nuestro cuerpo se renueva en un 98% cada año, muchas enfermedades se hacen duraderas, porque permanecemos presos de conceptos y emociones anclados. Cada día es nuevo, pero la historia de dolor que nos repetimos mentalmente, sigue viva, reproduciendo células con memoria de enfermedad.
Esas memorias llenas de sufrimiento, se cristalizan en la mente, y crean lo que Tolle denomina “el cuerpo del dolor”, que es una formación energética de recuerdos, que es parte del ego y que busca activarse, actualizarse, recargarse, y lo hace a través de mecanismos primitivos como engañarse, compararse, tener razón, y pelear.
Podemos recordar e imaginar; estas capacidades tienen su papel en el día a día, pero no debemos identificarse con un mundo ficticio, falso, irreal, como el mundo de los pensamientos. Es necesario sentir la experiencia de la vida, desde el cuerpo, sin ponerle a todo una etiqueta, sin asociarlo todo con lo pasado o con el futuro. Cuando estamos en una situación de emergencia, tenemos un orgasmo, estamos ejercitando el cuerpo intensamente o realizamos un trabajo creativo, en esos casos no pensamos, y sin embargo nos sentimos muy vivos.
Salgamos de la mente, aprendamos a tener experiencias más directas más allá de los conceptos. Vivamos más el momento actual, y los problemas se reducirán, se resolverán o dejarán de afectarnos. Esto sucede pues vaciamos la vida de la ficción de las interpretaciones que producen dolor. No somos un ego, somos una conciencia unida a todo lo que nos rodea. Lo sabían los antiguos y lo sabe ahora la ciencia física más reciente. Y esa conciencia, debe decirse, es lo más cercano que tenemos a la felicidad y a Dios.
Y como el viejo decía:
Pa´que te preocupas del mundo y sus problemas, ocúpate de lo tuyo, que puedes resolver…
La única simplicidad que vale
la pena de conservar es la del corazón,
la simplicidad que acepta y goza.
Gilbert Keith Chesterton
¿Por qué tantas personas inteligentes trabajan tan duro, viven tan rápido… y se sienten extrañamente ambivalentes acerca de su éxito? El problema no es que las personas excesivamente ocupadas y estresadas no quieran deshacer sus compromisos, sino que les falta coraje a sus convicciones… o simplemente necesitan de algunas técnicas para comenzar. ¿Por qué toleramos tantas prioridades alteradas? Porque vivimos tan ocupados nuestras vidas, que es imposible imaginar algo diferente. Sin embargo, las cosas pueden cambiar. Una manera de tener una “mejor vida” es simplificar la que ya tenemos. La simplicidad nos ofrece principios y técnicas para hacer de nuestra vida algo menos complicado y más gratificante, tanto en el trabajo como en nuestra casa. ¿Es esto tan complicado?
1. Tiempo: Simplificar nuestra vida significa en realidad ganar control sobre ella. O sea, crear más tiempo -en el trabajo y en casa- para hacer las cosas que nosotros queremos. Las estadísticas nos muestran que las personas sienten cada vez menos que gastan su tiempo en cosas que disfrutan. Y es aún peor: la mayoría lo gasta en cosas que preferiría no hacer! ¡Este es el desequilibrio! ¿De qué sirve esforzarse en alcanzar una “vida”, si no tenemos el tiempo ni la energía para disfrutarla?
He aquí el problema: Toma tiempo hacerse tiempo. Todos sentimos que no podemos reducir nuestras actividades en nada. Mientras nuestro trabajo sea “tan vital” para nosotros, no podremos mirar nuestras propias vidas: un matrimonio que no funciona, una carrera que no satisface, niños con los que no nos conectamos, amistades que perdemos… Nada es más peligroso que “tener poco tiempo”.
Así que el primer paso, para simplificar nuestra vida, es hacer una pequeña inversión de tiempo. Liberemos una hora por día, durante 30 días, para reflexionar sobre estas simples preguntas: ¿Qué es lo que más complica mi vida? ¿Estoy trabajando demasiado? ¿Estoy trabajando en algo que no me gusta? ¿Mis niños están agotando toda mi energía?
No es tan poco realista como parece: durante un mes, abandonemos nuestro trabajo más temprano. Si no puedes hacerlo, gana tiempo en casa: durante un mes no leas el periódico o deja de mirar la televisión. Libera 60 minutos por día durante 30 días, hagámonos las preguntas correctas y nos asombraremos del descubrimiento.
2. Menos es más: Este es un principio tan obvio, que cuesta reconocerlo. A todos nos pasa. Por ejemplo, si tenemos que reducir el desorden en nuestra vida y comenzamos por simplificar las obligaciones de la casa, nuestra primera reacción es conseguir más ayuda. Así, contratamos a alguien para la limpieza, un jardinero para las plantas, una veterinaria para que se ocupe de nuestro perro… y todavía seguimos sin resolver quién se ocupará de la comida!
No necesitamos más ayuda. Necesitamos menos problemas. Es aquí cuando comenzamos el proceso de simplificar. Podemos libramos de posesiones que no usamos y que ocupan lugar. Podemos vivir en una casa más pequeña. Cuanto menos poseemos, más tiempo creamos. ¡Es difícil ponerle un precio a tanto tiempo ganado!
El mismo principio se aplica al trabajo. Podemos reducir las horas trabajadas. No se trata de cambiar la cantidad de trabajo, sino el modo de hacerlo. Esto no implica pérdida de producción, sino aumento de satisfacción. No contestes al instante todos tus mensajes. No asistas a todas las reuniones donde te invitan. Asigna a tus proyectos plazos más realistas.
3. Diga “No”: El dramaturgo Jules Renard escribió “El hombre verdaderamente libre es aquel que puede rechazar una invitación sin dar excusas”. O sea, pocos somos libres. Y esto es un problema: No podemos llevar una vida simple si no podemos decir no.
Nadie puede mantener más de tres prioridades. Si usted tiene un trabajo que ama, es una prioridad. Si usted tiene una familia que ama, es una prioridad. Lo que nos deja una más: Un amigo, un deporte, una tarea voluntaria… pero eso es todo. La mayoría entiende esto intuitivamente, sin embargo vivimos sobresaturados de compromisos que complican nuestra vida.
En tu trabajo, reserva tiempo “para ti”. Asigna a ese tiempo la misma prioridad que al más importante de tus asuntos. Así, cuando alguien te invite a una reunión que no quieras asistir, simplemente dí, “lo siento, ya tengo ese horario reservado”. Fuera de la oficina, puedes decir: “No asumiré ningún nuevo compromiso durante los próximos seis meses”.
Es duro al principio. Pero cuanto más digas NO, más fácil será hacerlo. Y, cuanto más lo hagas, menos te pedirán. El consejo es simple: Clarifica cuáles son tus prioridades y dí NO a todo lo demás.
4. Las posesiones son el 90% del problema: Hace treinta años, la mayoría de las casas tenía probablemente una radio y un televisor. Hoy, cada vez más casas tienen un sistema de sonido, i-pod, reproductores y un televisor… en cada cuarto! También teléfonos, computadoras, automóviles… y la lista sigue. Porque queremos tener todas estas cosas, nosotros trabajamos más tiempo para pagar por ellas. Lo que nos deja menos tiempo para disfrutar aquello por lo que trabajamos tan duro… Todas estas posesiones no cuestan simplemente dinero. Cuestan tiempo (instalarlo, arreglarlo, mantenerlo, escucharlo, mirarlo). ¿Y qué es lo que todos decimos querer realmente? ¡Más tiempo! Pues vaya ironía…
Un buen método es “pasar revista” a nuestra casa una vez al año, para desprenderse de cosas que no usamos. No significa dar esas antigüedades con valor sentimental. Sino todo aquello que poseemos y que su ausencia no modifica nuestras vidas. O mejor todavía, ¡no adquiramos nada innecesario en primer lugar! Una técnica muy útil es la de los 30 días. Si piensas que debes tener algo, házlo pasar por el “filtro” de los 30 días. Al cabo de ese tiempo pregúntate: ¿Aún lo necesito? La mayoría de las veces, ni siquiera podrás recordar por qué estabas tan entusiasmado con eso. Atención, existe una diferencia entre simplicidad y austeridad. No necesitas llevar una vida austera, sino reconocer que demasiado… es simplemente demasiado.
5. Lo importante es lo que importa: Hay infinitas razones por las que las personas no hacen lo que quieren. Pero, en primer lugar, porque la mayoría ni siquiera sabe lo que quiere.
Si has pasado años sin saber lo que quieres hacer (en tu carrera, en tu vida familiar, con tus obligaciones cívicas, etc…) puede parecerte un desafío imposible pensar acerca de ello. Para muchos, es más fácil seguir haciendo lo que saben que ellos no quieren hacer, o aquello que al menos no les molesta. Simplificar su vida, significa pensar en aquello que realmente es importante para tí.
“Lleva tiempo hacerse tiempo…” Tú no puedes resolver cómo dedicar tiempo a las cosas que disfrutas, si no tomas tiempo para re-pensar en aquello que estás haciendo en este momento. Tener una vida complicada, es una excelente manera de evitar cambiarla…
Y como el viejo decía: Sólo donde metes las narices, es donde asoma el problema
La enseñanza que deja huella no es
la que se hace de cabeza a cabeza,
sino de corazón a corazón.
Howard G. Hendricks
Mucho se habla hoy en día sobre el profesor tradicional y el líder en la gestión de cualquier proceso educativo.
Está demostrado por investigaciones realizadas que este último es capaz de llevar al grupo o colectivo a metas que para el primero son inalcanzables a nuestro juicio. Hoy el líder como se ha señalado tiene una clara misión y tiene la voluntad de hacer lo que está orientado para obtener buenos beneficios de un gurpo estudiantil.
Señala Ariel Ruiz:”Los auténticos líderes son innovadores, capaces de anticipar el futuro y de prever soluciones a problemas nuevos”. Ellos comprenden que “Mirar al futuro sin actuar, es apenas soñar y que actuar sin visión de futuro carece de sentido”.
Un profesor que es líder tiene clara su misión, sabe y tiene la voluntad de hacer lo que se debe hacer para facilitar la acción coordinada en beneficio del grupo estudiantil. Un aspecto fundamental de su liderazgo es la capacidad para comunicar ideas y entusiasmo, para convencer e influir en los estudiantes logrando en la acción educativa el compromiso y participación efectiva de estos.
El significado de esta acción educativa se refiere no solamente a lo que se debe hacer y al cómo hacer las cosas bien, sino a saber y comprender por qué y para qué se deben realizar las actividades y tareas educativas en forma armónica, coordinada e integrada, sin olvidar que a través de la acción, el hombre desarrolla su propia personalidad e historia.
El profesor líder infunde confianza y cree en las capacidades de los estudiantes para que sea posible el funcionamiento del grupo y su propia dinámica. La confianza genera responsabilidad, promueve la participación y desarrolla la creatividad. Por tanto, el líder debe confiar en las personas y ganarse la confianza de las mismas a través del buen ejemplo, la persistencia, el testimonio y el compromiso social. Un buen líder es el que arrastra a los demás y estos lo siguen hasta sus últimas consecuencias.
Por lo tanto el ejemplo es una fuerza que puede transformar a los estudiantes y convertirlos en agentes de cambio, en transformadores de su propia realidad. Así se logra la cohesión del grupo con una estructura más sólida y un clima psicológico-moral, que produce satisfacción en el transcurso de la acción de enseñanza aprendizaje hasta lograr los objetivos previstos y evaluar los resultados logrados según los parámetros de calidad y eficiencia.
El auténtico profesor líder tiene que ser ejemplo y demostrar capacidad de autoevaluarse, de reconocer sus posibilidades y limitaciones, sus aciertos y equivocaciones para mejorar el concepto y la estima de sí mismo y de los demás.
Señala el autor citado que:”Cuando el maestro o profesor es un líder, mejora la percepción, la autoestima, el respeto y la confianza en sí mismo, proyecta seguridad, confianza y energía positiva hacia los estudiantes y logra compartir su satisfacción, enriquecerse y disfrutar con sus resultados, asumirlos como colaboradores, mejorando así la labor educativa y la cultura del grupo”.
Al respecto del liderazgo del profesor, Sprinthall plantea lo siguiente: “…El profesor, como líder, puede ejercer una enorme influencia en la definición del grupo. Nosotros hemos señalado que una clase puede evolucionar de muy distintos modos, así puede ser desde una simple colección de individuos egocéntricos, en la que cada uno “hace una cosa diferente”, hasta una máquina con un engranaje perfecto, en la que cada individuo solo puede ser definido por su pertenencia al grupo. Si el profesor no conoce las variables sociales, o decide no ejercer el papel de líder, los estudiantes impondrán su propio estilo de funcionamiento, lo que puede dar lugar a una situación un tanto desagradable: que el papel del profesor esté definido por el grupo. Aunque no podemos olvidar que el extremo opuesto, en el que el profesor establece unos objetivos y unas relaciones basadas únicamente en sus propias necesidades y valores, es igualmente indeseable. Así, la manera en que el profesor utiliza conceptos tales como facilitación social, conformidad, competitividad, cohesión y presión grupal forma parte del proceso de enseñanza”.
Es muy importante como han señalado algunos autores que el profesor líder dirija sus funciones a lograr comprensión de la misión del proceso educativo, el logro de los objetivos comunes, la defensa de los principios y el logro de valores como el sentido de pertenencia, así como lograr un buen clima de comunicación entre sus alumnos, así como la cooperación entre ellos.
Se destacan otros entre los que señala el autor citado:
• Preservar la integridad del grupo y de la escuela mediante el desarrollo de valores, el cumplimiento de las normas y el mejoramiento de las relaciones interpersonales, públicas y sociales.
• Generar cambios de mentalidad y de actitud en los estudiantes, en función del desarrollo de la escuela y de su personalidad, tanto desde el punto de vista de su aprendizaje como de su formación para la vida.
• Consolidar los cambios logrados en los estudiantes mediante la creación de escenarios de interacción creativa, formativa y productiva, en las dimensiones curricular y extracurricular con un sentido extensionista, para su mejoramiento continuo y sostenido.
De ello se infiere que el profesor tradicional constituye muchas veces una fuerza opositora ante los cambios, ya que en muchos casos se resisten y siguen el tradicionalismo. Por lo tanto es de vital importancia asumir posiciones de liderazgo y disposición a las transformaciones y cambios que se producen en el proceso. Tomemos un ejemplo, el proceso de universalización se hace necesario abandonar lo tradicional y prestar disposición al cambio, ya que a pesar de que es una sola universidad, el modelo Semipresencial que se aplica se sale de los marcos de lo tradicional, por lo que profesores y directivos deben adaptarse a las condiciones imperantes y a los nuevos requerimientos que nos plantea el proceso de universalización.
Dirigir hoy el proceso docente educativo o de enseñanza aprendizaje, a la luz de las tendencias pedagógicas de avanzada, requiere de los maestros o profesores que asuman una posición de liderazgo con respecto a sus estudiantes.
El profesor líder entre otras características: Reconoce la necesidad del cambio, desarrolla, innova. Se concentra en los estudiantes, inspira confianza, motiva, y promueve la participación de sus estudiantes ejerciendo el control mínimo necesario, Mira al horizonte y fija su atención en los objetivos de formación de largo plazo. Acepta y enfrenta con optimismo los desafíos del futuro. Es disciplinado al tiempo que es independiente, analizando el qué y por qué. Es audaz. Promueve el saber, enseña a aprender. Enseña a tomar decisiones y toma decisiones compartidas Escucha, hace hablar Evalúa junto con el grupo Estimula, orienta, tranquiliza Trabaja con el grupo Hace las cosas que se deben hacer. Es un modelo a seguir por sus discípulos.
En la contemporaneidad el papel de líder que deben jugar los profesores con los nuevos cambios que se han dado a nivel global son de una trascendencia extraordinaria que influye mucho en la formación axiológica y de cultura general que necesita el ciudadano del siglo XXI, capaz de trasmitir lo mejor del pensamiento pedagógico, psicológico y sociológico de manera general. Todas estas reflexiones nos guiarán a ser mejor cada día y a aplicar con estilo creador las nuevas transformaciones que se llevan a cabo en el proceso de universalización.
El profesor líder a diferencia del profesor tradicional se adapta a las nuevas transformaciones que se están produciendo en la educación en los momentos actuales y es una persona que logra un buen nivel de comunicación con sus estudiantes, siendo un ejemplo a tomar para cumplir con la misión que nos ha dado la educación de formar profesionales competentes y agentes transformadores ante los cambios que se producen.
Y como el viejo decía: Si no ves pa´delante…tons pa que siembras si no ves la cosecha…
a lo largo de mi historia he disfrutado de diversa forma la llegada de los años. Hoy. Tengo que admitir que los tomo con más cordura. Esta noche vieja me la he pasado en vela como hacía un buen tiempo. Disfruté con alegría de un nuevo amanecer. Por la noche contemplé la famosa luna azul (fenómeno que se repetirá hasta el 2028) Espero estar ahí para verlo. Y dentro de todo, el darme cuenta que la felicidad está en todo lo que tú hagas por realizarla y NO en lo que otros intenten decirte, hacerte o simplemente ESTORBEN para que tu seas feliz.
Hoy me doy cuenta que el 2010 es un año de consolidación, de enfrentar a la vida: confrontarla y respirar de ella todo lo posible para estar listo en la evolución de todo lo humano.
Feliz Año 2010 a todos. estamos en contacto
La ventana, día con día, abierta para recibir la frescura de la mañana, se vió llena de pequeñas aves trinando al sol que despierta a cada uno de nosotros, en especial en esa casa enclavada en una plaza llena de jacarandas. A pesar de los frentes invernales, del frío que se colaba bajo cada una de las sábanas, la ventana ofrecía el intercambio de calor-frío entre aquella habitación y el amanecer de ese inicio de semana.
El Grinch despertó de su borrachera árida de navidades y festividades por el año que fenece, su semblante grotesco, sin ánimo en la cara, turbia mirada, sonrisa sarcástica. Todo amenazaba con un nuevo ataque sobre sus más queridas festividades. Hoy debía arruinar la nochebuena y la Nochevieja, hacer que todos los presentes en su familia no estuvieran totalmente alegres y llenos de plácemes, felicidad, concordia y paz.
Todo estaba preparado, cada uno de sus comentarios listos. Irónicos, sarcásticos con la puya necesaria para herir al más débil, a quien lo confrontase o interpelase del porqué ser así en plenas fiestas. Cada una de sus palabras estudiadas para destruir la felicidad del otro, en un solo afán, seguir conservando su prestigiada fama de Grinch navideño, de ser el único que siempre arruinaba la fiesta donde se paraba, colaba o estuviera solo de pasada. Para ello vivía todo un año, para destilar su veneno en estas fechas. El era feliz viendo destruirse personalidades sinceras, que se acercaban a felicitarlo y salían con el alma desangelada, desantendida y sintiéndose peor que si se hubieran metido en un balde de estiércol.
Pero, ¡Oh, sorpresa! Aquel individuo encontró en esas festividades un nuevo aliciente. Algo se presentaba fuera de lo común. Aquellas estrategias tanto tiempo pensadas resbalaban sobre cada una de sus víctimas. Todo lo propuesto se echaba a perder. Parecía que estaban preparados para contrarrestar todos y cada uno de los ataques del grinch tan temido. Una a una sus palabras venenosas, sus actos impúdicos y llenos de cólera contra el mundo sucumbían ante la felicidad y sonrisas de sus compañeros de trabajo, sus amigos, sus camaradas, su novia, su familia.
El grinch tan temido, ahora resultaba un pequeño bufón del que se burlaban por querer cambiar las festividades a su manera y que él fuese el pequeño protagonista de un odio acendrado con el correr del tiempo. ¿Qué había sucedido? ¿Qué estaba en contra de él? Era simple y sencillo. El mismo grinch comenzó a darse cuenta que la felicidad no era lo que hacía, todos sus pensamientos, antes ocupados por ese odio; ahora se veían nublados por un conflicto: ¿Qué significaba realmente ser feliz? Acaso lo era el importunar a los demás en su propio estado de beneplácito o de plano, irrumpir e invadir los pequeños festejos que estos o aquéllos se permitían una vez al año para salir de su propio marasmo laboral y la monotonía de no expresar lo sentido durante 340 días.
Sí, el mundo se daba cuenta que el grinch era un ser nacido de ellos mismos. De todos sus odios, sus temores, sus pequeñas venganzas, sus monstruos internos reflejados en los momentos que más felices se sentían, llegaba la nube tormentosa y se aguaba su propia felicidad. Cada uno de quienes convivían y festejaban navidades y año nuevo se permitieron alejarse de la paranoia, de la angustia, de los miedos invencibles, de los monstruos nacidos de la nada: Asumieron su propia responsabilidad, y entonces, sólo entonces, se dieron cuenta que ellos mismos provocaban su felicidad para ser compartida con los demás.
Ahora, el grinch es una vieja leyenda que cuentan los hombres dignos de fé. Sólo aparece cuando de repente un hombre lleno de miedo a ser feliz se muestra temeroso a compartir su esperanza, su capacidad de felicidad con los demás. Es cuestión de abrir lo que somos a los demás y entonces, la verdadera felicidad llenará nuestros corazones día a día…
No queda más que decir. Un año incierto, lleno de paranoia, donde, en mi rancho, aprendimos a vivir con la angustia de los operativos, de los carteles y el cobro a los negocios para que no nos suceda algo malo… MALO es el acostumbrarse a vivir dependiendo del susto, comentaba una persona: camino por la calle de la Procuraduría y si veo venir un coche, me aterro y pienso que algo va a suceder. Esto en plena colonia Arboledas; MALO el tener que juntar tu lanita al mes para darle a nuestra nueva mafia el cobro de protección para que no te suceda algo. ALGO es lo que nos debe dejar de aprendizaje. Es necesario retomar nuestras fuerzas, hacer conciencia que nosotros somos gente de bien, que no anda por las calles armando escándalo, cobrando prebendas y matando personas. Somos más quienes debemos ser conscientes. CONSCIENTES de hacer algo nuevo, donde todo nos lleve a ser FELICES.
Seamos felices, en esta época y todo el año que viene. Mostremos que pese a todo, la felicidad existe y todos formamos una sola conciencia que quiere vivir en PAZ.
un enorme abrazo a todos en estas fiestas decembrinas.